viernes, 11 de enero de 2008

El café sin nombre

El café sin nombre
DaviD OzzO zánchez
A todos los llamados “Pedro”
(Menos a san Pedro
porque luego me niega)
Platicábamos de amores pasajeros
y de cómo él siempre esperaba
estar revuelto en muchos de ellos,
y mientras tanto él nos miraba.

Platicábamos acerca de ellas,
esas, las que siempre se largaban
y las que sólo dejaban penas,
y mientras tanto él nos miraba.

Estábamos bastante borrachos,
hasta ya no nos importaban
nuestros corazones a pedazos,
y mientras tanto él nos miraba.

Platicábamos de simplezas,
una plática sin importancia
pero llena de certeza,
y él nos seguía mirando.

Él fue quien se percató
de aquél que nos miraba,
pero se le hizo muy grato
que él se emborrachara.

Él me pidió que volteara,
y yo una foto encontré
de alguien tan ebrio como él,
pero de quien se trataba.

Él era un gran personaje
por México muy querido:
era el gran Pedro Infante
que nos miraba confundido.

“Hasta pronto” le dije riendo
al que bien nos había escuchado.
Por su salud y su suerte brindamos,
“le deseo lo mejor y que siga bebiendo”

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